viernes 2 de octubre de 2009

Tasmania: Cradle Mountains, el comienzo del viaje.

El viaje a Tasmania, fue uno de esos viajes en el que las cosas mejoran conforme se desarrolla la visita. Dejábamos la cálida Sydney, en los albores de la primavera para dirigirnos a esta isla situada al sureste del continente australiano, donde las previsiones meteorológicas pronosticaban lluvia y frío.
Volábamos a Lauceston, la segunda ciudad más importante de la isla que apenas supera las cien mil personas, situada al norte de la isla. Nuestro vuelo salió con tres horas de retraso, lo cual era un inconveniente enorme por dos razones: la primera, que se te queda cara de tonto en el aeropuerto porque no puedes hacer nada y pierdes tiempo (aunque nos dieron unos vales para comer, que algunas utilizaron para darse un masaje) y la segunda, porque nuestro primer destino era el Parque Nacional de Cradle Mountain al que irremediablemente llegaríamos de noche, conduciendo por una carretera de montaña.
Afortunadamente, encontramos nuestro backpacker sin demasiados percances y a pesar de que llegábamos tarde, no habíamos avisado y la oficina estaba cerrada, para tranquilidad de todos nos habían dejado las llaves de nuestra cabaña.
Al día siguiente nos dirigimos al Dove Lake, al pie de las Cradle Mountains.

El parque tiene varias rutas, la más popular es una de 65 kilómetros desde las Cradle Mountains hasta el Lago St. Clair. Nuestro objetivo era mucho menos ambicioso, sólo rodearíamos el Dove Lake, al pie de las montañas. La razón principal era el tiempo del que disponíamos, de todas formas hacía bastante mal tiempo, se veía nieve en los altos...


El camino transcurre por la orilla del lago casi en la totalidad aunque hay algunas partes en las que te adentras en zonas más boscosas.

Como se puede ver, las nubes dieron algunos respiros puntuales que iluminaran el camino.



Plantas con gabardina...

...nieve en las cumbres y algunas cascadas...

...adornaban el entorno de las Cradle Mountains.

Uno de los mayores alicientes de la excursión fue encontrar este wombat, este animal nativo de Australia es una especie de oso en chiki. Este en concreto estaba muy pancho y no parecía molestarle nuestra presencia, ya que dejó que le tocáramos sin hacer ningún aspaviento, eso sí, no paró de moverse por lo que no pude hacerle una foto en condiciones. Se recomienda no hacerles enfadar ya que podrían ser peligrosos, pero este que vimos pasaba de todo y un segundo al que intentamos acercarnos salió corriendo de forma bastante aparatosa.

Cuando nos adentramos en zona boscosa, las luces de dispararon...

...dando paso a atmósferas mágicas y sugerentes.











A la vuelta, algunos no pudimos resistirnos a acercarnos a ver otro lago, Wombat Pool, o la piscina de los wombat. Nos imaginábamos que veríamos un montón de ellos, jugueteando, con el arcoiris haciendo de tobogán al más puro y ñoño estilo osos amorosos. La implacable realidad nos devolvió al mundo real, seguía estando nublado y ni rastro de algún wombat.



A pesar de ello el paseo mereció la pena ya que descubrimos otros rincones de este espectacular lugar. Cuando regresamos al punto de partida nos montamos en el coche y comenzamos el viaje al segundo destino del viaje, Freycinet National Park, donde nos esperaba la afamada Wineglass Bay.


jueves 2 de julio de 2009

Llegará un momento en que la ciudad australiana de referencia deje de ser Sydney y su icónica Opera House para dar paso a Melbourne, una ciudad que en mi corta estancia me pareció, sencillamente, más completa y humana. La ciudad de la desembocadura del río Yarra ya le ha ganado el pulso a su tradicional competidora y se ha convertido en la capital cultural y deportiva del país frente a la brillante superficialidad de Sydney.

Es la capital del Estado de Victoria, en el sureste del país y su población alcanza casi los 4 millones de habitantes. Hizo las veces de capital Australia entre 1901 y 1927 mientras Canberra se construía.

El motivo de mi visita era la celebración del congreso de arquitectura sostenible Sustainable Building 08, donde se celebraba un evento satélite que habíamos organizado desde la oficina. Llegué junto la analista de mercado un par de días antes, lo que me dejó tiempo de esparcimiento para trastear por la ciudad. El día que llegamos nos acercamos al palacio de congresos para ver si todo iba bien con las salas que habíamos reservado (viaje en balde porque no estaban montadas, esto ya lo sabíamos pero queda bien darse una vuelta), luego Mónica me dio un paseo por los alrededores del hotel en donde nos alojábamos, que por cierto pagasteis vosotros, pobres contribuyentes y nos acercamos a ver la playa. A la vuelta, tras dejar a Mónica en el hotel, me fui a dar una vuelta a ver que me deparaba la ciudad al anochecer.



El hotel se encontraba en la ribera de Yarra asi que lo primero fue rehacer el paseo con Mónica para fotografiar la zona y familiarizarme con ella.

La noche cayó y con ella las oportunidades fotográficas, a falta de un trípode donde apoyar la cámara. Aun así estuve un largo rato dando vueltas y descubriendo cosillas.

La ciudad tiene numerosas esculturas que amenizan los paseos por la ciudad, a diferencia de Sydney que es más diáfana en este sentido.

El siguiente personaje fue fotografiado por y para el interés de mi bienamado lehendakari Loko Tatxelis, este manipulador sónico estaba haciendo las delicias de los viandantes con todo un espectáculo de luz y sonido. Prácticamente todo él producía sonidos y luces a través de la innumerable cantidad de artilugios que portaba el traje, distorsiones, deelays, loops... y todo ello lo había hecho él mismo, lo cual es de un mérito aún mayor.



La noche avanzaba y había que madrugar al día siguiente, así que me fui volviendo para el hotel, aprovechando para realizar algunas tomas nocturnas...



A continuación algunas tomas desordenadas de la ciudad bajo el sol.

Melbourne tiene la mayor red de tranvías del mundo, llegando éstos a casi cualquier punto de la ciudad, lo cual le da un toque extra de romanticismo.





Durante la estancia en Sydney, sufrimos las consecuencias de las leyes que regulan el alcohol, muy restrictivas en Nueva Gales del Sur, donde los impuestos sobre él impide que pequeños locales rentabilicen tener licencia para beber alcohol, de esta manera, los pequeños establecimientos donde uno se pueda tomar un vino mientras otro disfruta de un café, no existen. De hecho, es común encontrar restaurantes a los que tienes que llevar la botella de vino, por ejemplo, por tu cuenta. En el estado de Victoria, por el contrario, las leyes son más permisivas en este aspecto, lo que ha fomentado que, en las partes más concurridas de la ciudad, haya numerosos locales en los que disfrutar de una cervecilla, lo cual a su vez creo que fomenta la vida en la calle. En la siguiente foto, una pequeña calle del centro con numerosos bares que recordaban al casco viejo de las ciudades españolas.

Una librería de segunda mano, donde, contra todo pronóstico la dependienta no se esforzó nada en recomendarme algún autor australiano...

Otra de las cosas que me atrajeron de esta ciudad fue la presencia de graffiti y otras artes plásticas en las calles (céntricas), las cuales siempre me dan la sensación de ciudad viva e inquieta.

Así lucía el stand español en el congreso el día de la inauguración, lo cierto es que junto al de Hong Kong, creo recordar, era el más vistoso y más currado. En la foto, dos guardianes de los intereses patrios.
Del día de las conferencias en sí lo más destacado fue el sarao que montamos en casa del cónsul por la noche que ya fueron momentos de esparcimiento y diversión, ya sabes, clase, estilo, gente guapa, personalidades, Mikel, Cruz, Susana y yo...

Para la última jornada en Melbourne habíamos organizado una especie de tour, con los arquitectos españoles, por edificios sostenibles de la ciudad. A mí, como podréis imaginar, el discurso técnico de las visitas sobre los edificios (especialmente siendo en inglés), me importaba bastante poco, así que me dediqué a hacer fotos de lo que me llamara la atención.
En la siguiente foto, una casa Victoriana que se encontraba al lado del edificio que visitábamos.









El tipo al que todos prestan atención es Mick Pearce, el arquitecto del emblemático CH2 en Melbourne que podéis ver más abajo, explicando pues las cosas que se contarán los arquitectos en estos casos, que si meto 15 metros cúbicos de hormigón por aqui, un par de turbinas por allá, que si ahorra el 16% de energía, que si soy más de cortina que de persiana, mira cómo se integra en la estructura urbana... en fin yo qué sé.





Esta visita si que me gustó, porque nos la estaba explicando el arquitecto, aunque yo estuviera pasando un poco de todo, y porque subimos a la azotea, lo cual me brindó oportunidad de tomar algunas panorámicas desde las alturas.





Al final del día, Mikel y yo nos fuimos a cenar con todos los arquitectos y estuvimos por ahí de copas. Durante la cena nos confirmaron un secreto a voces, los precios de la vivienda son completamente abusivos y no se corresponden de ninguna manera a lo que cuesta hacer la casa en sí. Acabamos en el casino, que fue lo único que encontramos abierto, con una chispa a tener en cuenta. Al día siguiente, corriendo al aeropuerto a coger el avión de vuelta, que por cierto, por los pelos...

jueves 18 de junio de 2009

Kakadu National Park: Primera parte


Al final resultó ser un acierto realizar la visita al Parque Nacional de Kakadu con un viaje organizado. Los que eramos más reticentes a ello, al final tuvimos que reconocerlo. Al principio se planteaba por motivos de seguridad y miedo infundido acerca de sus peligros, razones por la que algunos rechazábamos tal opción. Luego surgieron otros motivos que nos hicieron decantarnos y acceder a realizarlo de tal manera, contratando un viaje organizado. Los motivos, principalmente, fueron el poder ver una de las insignias y principales atractivos del parque: las cascadas, cuyo acceso era arriesgado (por motivos del seguro de la compañía de alquiler del coche).
La elección fue muy buena, el grupo se reducía a nosotros mismos, al tipo que veis abajo (del que no recuerdo el nombre), que sería nuestro guía y conductor los tres días (y dos noches), siguientes y un todoterreno con todo lo que necesitábamos incluido: agua, comida y tiendas de campaña.




Volamos a Darwin, capital del Territorio del Norte de un viaje que, por motivos de precio, nos llevó primero a Melbourne para luego coger otro avión al norte del país. Unas cuantas horas. Llegamos bastante tarde y fuimos directamente al hostal, bastante infame por cierto, para aprovechar las pocas horas de sueño de que disponíamos.
Por la mañana fuimos a la oficina de la compañía,
conocimos a nuestro guía y nos pusimos en marcha. La primera parada, antes de entrar al parque, estuvo dedicada a ver uno de los animales más emblemáticos de la zona. Para ello, deberíamos embarcarnos por las turbias aguas de un río que emanaba una falsa serenidad a sabiendas de sus moradores. Antes de embarcar, pudimos manosear y ver algunas serpientes como la que veis que tiene el guía en la foto de arriba.



Una vez embarcados comenzamos el tour, en un paisaje que evocaba a grandes hitos del cine como Anaconda, Mandíbulas...





El lugar donde nos embarcamos estaba en las orillas del río donde había una especie de pequeño museo, dedicado a estos reptiles, de donde salían estos viajes en una especie de ferri con alrededor de 30 personas. A los cocodrilos los atraían con trozos de carne atados a una cuerda, así conseguían que se levantaran para que las fotos quedaran así de chulas. Mientras tanto el capitán del navío contaba historias y curiosidades de estos reptiles. En esa zona hay dos tipos de cocodrilos, los de agua salada y los de agua dulce. Los que aparecen en la foto son los marinos, la mayor especie de reptil que existe y peligroso para los humanos, se le atribuyen varias muertes al año. Los de agua dulce son más pequeños, comen animales pequeños y no están considerados peligrosos para los humanos.





En la zona había un montón de águilas, que seguramente se sabían que cuando el ferri estaba en el río, caía algo de comer. Así los encargados de atraer a los cocodrilos con el cebo, empezaron a arrojar pequeños trozos de carne por la borda, el resultado, águilas pasando al ras para cogerse un trozo al vuelo, un gran espectáculo.



Una vez terminada la visita, pusimos rumbo al Parque Nacional de Kakadu. El nombre viene de una mala pronunciación de una palabra aborigen, propia del norte del parque, "Gagudju".
El parque tiene una extensión de casi 20.000km2, cuatro veces el tamaño de La Rioja y es Patrimonio de la Humanidad, cosa buena porque también se estima que contiene el 10% de las reservas mundiales de este mineral.



Mientras nos dirigíamos a nuestro primer destino del parque, hicimos una parada para comer en una pequeña zona con sombra y agua. Los paisajes se alternan entre humedales, zonas boscosas y amplias superficies por lo que los desplazamientos se hacen amenos.





Nuestro primer destino dentro del parque era Maguk, una de las pocas cascadas que fluyen incluso en la estación seca. Los aborígenes distinguen entre seis estaciones dentro del año, más precisas y acordes con su modo de vida y ciclos naturales. Los no aborígenes, sólo dos, la temporada seca y la de lluvias. En la estación de lluvias el nivel del agua puede subir varios metros, inundando vastas extensiones, en la siguiente foto se puede apreciar el efecto del agua en el tronco del árbol.



Si, parte de Cocodrilo Dundee fue rodada aquí. No, no le vimos. Es un personaje de ficción.


Hay varios lugares en el Parque donde te puedes bañar, eso si, siempre bajo tu propia responsabilidad. Al terminar la estación lluviosa, los rangers del parque realizan "batidas" para localizar a los cocodrilos marinos que hayan remontado ríos debido al aumento del caudal e intentan echarlos río abajo, donde, una vez entrada la estación seca y con poco cauce, no puedan remontar el río. Si no pueden echarlos, porque el nivel de agua es ya bajo, se ponen berracos, etc, pues nada, se matan y son entregados a las comunidades de aborígenes. Las autoridades del parque advierten de que siempre existe la posibilidad de que un cocodrilo marino se haya escabullido en la zona que se supone segura y en tal caso, saber hacer el gesto ese de Dundee con la mano no te va a salvar el culo. También se advierte de la posibilidad de que haya cocodrilos de agua dulce, a estos no se les echa ni se les caza, porque en principio no hacen nada, por si acaso no te pases con ellos, te puedes ir con algún dedo de menos.




Primero subimos a darnos un baño a la parte alta de la cascada, donde había varias pozas en un río encañonado. La temperatura del agua era ideal y el que estuviera encañonado le daba mucho encanto y mucho juego. Yo me la gocé como un chavalillo, había pasado mucho tiempo desde mi último baño en un río y estaba encantado.


Tuvimos oportunidad de dar unos saltos y todo...


Tras darnos un baño para recordar, bajamos a la cascada, fuimos nadando hasta sus pies y nos pasamos otro rato allí charlando.



Empezaba a anochecer, asi que nos recogimos y pusimos rumbo al lugar donde habíamos aparcado para ir al lugar donde pasaríamos la noche. Era una zona donde se puede acampar y hacer fuego para que no falte la tan afamada barbacoa.


A la mañana siguiente nos levantamos temprano para visitar dos de los principales atractivos del parque las Twin Falls y las Jim Jim Falls. Pero lo primero fue acercarnos a uno de estos monumentales termiteros que adornaban el paisaje. Además estuvimos chupándole el culo a unas hormigas verdes que andaban por ahí, el caso es que eran ácidas y era como comerte un caramelo de estos súper ácidos de limón, eso si, no llegó a más...



Para llegar a las Twin Falls tuvimos que coger una pequeña barca para que nos acercara. Ya he comentado que en Australia son muy curiositos y lo tienen todo muy bien montado para este tipo de turismo, asi que allí, en medio de la nada a orillas del río, había una pequeña instalación con dos (o tres), notas sin más pito que rascar que esperar a que llegara alguien para montar en la barca y recorrer el tramo que no se puede hacer a pie. Easy life, tio.


Como complemento te cuentan un poco la historia del sitio, y te ponen sobre aviso, "aqui no te bañes, sabemos que es bonito y es tentador, pero mejor no..."




Una vez en tierra hay que andar un par de minutos hasta llegar a los pies de la cascada.


Twin Falls.


Kakadu National Park: segunda parte

Sólo es posible llegar a las cascadas en la estación seca, una pena porque evidentemente son más espectaculares en la estación de lluvias, cuando el caudal sea alto y el salto de agua sea mayor. En el momento en que fuimos bajaba poca agua, aún así el lugar resultaba espectacular.



Aquí se puede apreciar una vista del lugar desde un punto elevado, se ha formado una pequeña playa a los pies de la cascada que hace que el sitio sea de ensueño aunque no te puedas bañar y eso que el calor y el color del agua invitaban a ello.



Debido a la situación no me fue posible sacar ninguna foto cuyo encuadre recogiera toda la cascada, si os pica la curiosidad hay fotos aéreas increíbles en la red.











Tras saciarnos de la visita de las Twin Falls, nos dirigimos a la segunda cascada, icono del parque, las Jim Jim Falls. Como en el caso de Twin Falls, es mucho más espectacular en la estación de lluvias, echad un vistazo a esta foto. El salto es de 200m a una piscina cerrada por tres lados por unas paredes de vértigo. Siento que las fotos no hagan justicia, pero al no haber agua y el contraste de luz (omitiendo mi evidente ineptitud para la fotografía) se me hizo imposible reflejar la realidad. Debido a la altura de las paredes el agua no ve mucho el sol y esta fría, muy fría. Aún así nos dimos un baño para combatir el calor, eso si, yo no estuve mucho tiempo en el agua.
Para llegar a ellas hay un pequeño paseo de casi un kilómetro sin ninguna dificultad.










El camino hacia Jim Jim Falls con ella al fondo.





La última parada del día nos llevó a Yellow Waters, una visita obligada para ver el atarceder en Kakadu. El espectáculo está garantizado, como podéis ver a continuación todo un espectáculo visual.













Con los reflejos del ocaso aún latentes concluyó nuestra segunda jornada en Kakadu, nos dirigimos a una zona de acampada donde preparamos una opípara cena, donde no faltó el canguro y se unieron a nosotros Christina y Tobias, unos hermanos que habíamos conocido antes en las Jim Jim Falls, que lo estaban pasando bastante jodido por no tener aire acondicionado en la furgo en la que viajaban...
A la mañana siguiente pusimos rumbo a un lugar que se sabía el guía donde podríamos ver pinturas aborígenes y que no solía estar concurrido.



Paisaje estándar conduciendo por el parque.



Kakadu contiene uno de los legados aborígenes más importantes del país. Existen evidencias arqueológicas de su presencia desde hace 20.000 años, pero se cree que se podría extender al doble. Actualmente quedan unos 500 aborígenes viviendo en el parque.
Aproximadamente la mitad del parque es Tierra Aborigen y prácticamente todo el resto ha sido reivindicado por ellos.
La gestión de las áreas del parque que pertenecen a los aborígenes se basa en un acuerdo entre ellos y la Dirección de Parques Naturales de Australia por el que tienen una especie de contrato por el que los aborígenes ceden la gestión de sus tierras a la Dirección (un modelo repetido en otras zonas como Urulu), el cuerpo de gestión del parque se compone de 10 aborígenes y 5 no aborígenes.



Las pinturas tienen varios significados y usos, aparte de las funciones simbólicas y religiosas que cumplen, algunas de ellas tienen funciones educativas, como cuáles son las partes aprovechables de un determinado animal, técnicas de caza, etc. Allí el guía nos explicó que la transmisión de conocimientos es muy lenta entre los aborígenes, tanto los prácticos como los simbólicos y místicos se explican poco a poco para que puedan ser correctamente interiorizados y que no se produzcan deformaciones en las historias, ya que la transmisión es fundamentalmente oral.



Especial atención a las figuras, supuestamente humanas, ¿qué sugieren?



En la foto anterior se pueden apreciar pinturas más recientes, para las técnicas y el tipo de pinturas, los detalles son muy ricos.





Hay una historia curiosa, que no se daría sólo en Kakadu. Durante miles de años los aborígenes han quemado la vegetación seca siguiendo una método milenario. En una zona que pasa largos períodos de sequía y los riesgos de incendios son muy altos, es una forma de estimular la regeneración de las plantas, que atraen wallabies y otras presas para la caza, pero también porque ellos saben que es preferible muchos pequeños incendios controlados que uno grande y descontrolado. Cuando llegaron los extranjeros, prohibieron tal práctica, lo que conllevó incendios descontrolados, finalmente se volvió al método tradicional (imagino que en combinación con técnicas modernas).





A continuación una serie panorámica de 180 en el último lugar al que fuimos antes de poner rumbo de nuevo a Darwin.







Y aquí, la puerta de entrada, de salida en nuestro caso del Kakadu, que puso fin a un viaje inolvidable.

miércoles 13 de mayo de 2009

Fiji Bonus Post

¡Última entrega, edición especial sabores, pasa la lengua por la foto que quieras saborear!
Aquí os dejo con algunas fotos tomadas por el resto de la expedición, que reflejan algunos detalles,lugares y momentos que no recogí pero que merecen estar para completar esta serie de Fiji.

Primera noche, en Beachcomber.

Surcando el mar mientras Vill intentaba pescar algo para comer.

Esta gran foto creo que es de Juanjo/Ana, volviendo de bucear mientras Dan Vuti nos cantaba.

Ana con Nick, jugando con su pila de litio.

Nick impartiendo clases de fotografía.


Menos mal que yo no presencié este momento...

Detalle del baño y la ducha.


Buceando entre corales, fotos de Delfi.

Foto reivindicativa, como no, a cargo de Mikel.


En la cueva de la isla Sawakau.


Primera noche en Nanuya Lai Lai bebiendo kava, una bebida narcótica (si bebes mucha), procedente de las raíces del árbol de la pimienta.

Desayuno de campeones para coger fuerzas.

La capilla de Nanuya Lai Lai.

Noche de fiesta...

El segundo día, Vill no llevó a ver una isla, llamada Sawakau, que en su interior albergaba una cueva con un lago, donde la luz del sol entraba por una amplia chimenea. Allí nos dimos un baño y comprobamos las excelentes dotes de escalada que Vill tenía. Más tarde, nos llevó a ver un poblado llamado Malakati, en la isla de Nadula, donde pudimos ver como era una comunidad fijiana, alejada de los resorts.
La iglesia de Malakati.

Algunas construcciones más modernas.

La cabaña del jefe del poblado.

Al abandonar el pueblo Vill quería pescar algo para hacer una parada en alguna isla del camino y comer, como con su sedal, desde la barca no conseguimos nada, su colega, a bastante distancia de la isla donde pararíamos, se lanzó al agua. Sus herramientas, un arpón fabricado con una goma elástica atada a un palo y una flecha, gafas y tubo. Cuando se lanzó al agua, yo todavía pensaba que le esperaríamos, porque la distancia a la playa era bastante grande, pero Vill puso en marcha el motor y rumbo a la playa. Cuando le dije si le íbamos a dejar allí, me dijo que sí con una sonrisa como diciendo que era lo más normal del mundo.
Un rato después, llegaba con los ejemplares que veis a continuación.

Apañados con lima y un poco de agua de mar ¡y a comer!



Charlando sobre lo divino...





Últimas fotos que tomé desde la ventanilla del avión, con la cámara de Dani.

miércoles 22 de abril de 2009

Fiji Vol.6 "Último día florido"

Al llegar al albergue de Nadi hubo un pequeño contratiempo. Las explicaciones que nos dieron es que la habitación que nos iban a dar estaba ocupada porque los que la ocupaban habían extendido la estancia. Cábalas aparte, nos llevaron a otro albergue, una fonda medianamente aceptable, con la presencia de una sola hipercucaracha bastante educada. Estuvo bien, ya que había gente en la expedición que no había probado las mieles de los más genuinos backpackers.

Aquella noche salimos a cenar al centro, todo estaba bastante apagado y es que Nadi no se corresponde en absoluto a la idea que se pueda tener de ella. Es un punto de paso, para bien o mal, el aeropuerto internacional está en la ciudad asi que es paso obligado antes de comenzar el viaje por las pequeñas islas paradisiacas. El caso es que cenamos en un sitio bastante agradable y una mujer que trabajaba allí nos ofreció, por un módico precio, llevarnos al día siguiente a ver unos jardines botánicos en las afueras. Montados en una furgoneta con ella, el conductor y una niña, que supusimos era su hija, seguimos con el último día en Fiji.
Algunos disparos desde la ventanilla para recoger un paisaje cotidiano en la isla antes de llega a repostar a la gasolinera.

Ya he mencionado que un fijiano medio gana unos dos dólares de Fiji la hora (lo que viene a ser un euro), bien atentos al contador del surtidor...
Al cavo de un rato llegamos al jardín botánico, que resultó estar dedicado en gran parte a las orquídeas, mi flor preferida. Os dejo con algunas muestras para vuestro disfrute (por un módico precio se puede solicitar una copia, tamaño a elegir, enmarcada, para regalo. Ya sabes, decora la cocina de tu madre).
Clásico.
Sugerente.
Contrastes.
Mono o "cute".
Atrevido.
Corazón (nunca falla).
Tras degustar el festín orquídeo nos dimos un paseo por el resto del jardín, lo cierto es que estaba minuciosamente cuidado y el paseo fue de lo más agradable.
Estos árboles me encantaban, me hubiera gustado tener algunos de estos en mi infancia, porque tienen pinta de dar muuucho juego...
El último lugar a visitar fue un templo Hindú que había en la ciudad. Parecía ser de reciente construcción y lo cierto es que era una explosión de color, con miles de detalles. Todas las fotos las tuvimos que tomar desde fuera del templo, de ahi que haya algunos encuadres bastante locos.

El edificio, como podéis ver, deleitaba por la cantidad de detalles y colores con los que estaba adornado. Entre ellos, numerosa simbología religiosa que podemos encontrar el los mercadillos occidentales en carteras, piercings, bolsos, camisetas, etc.




Estuvimos charlando un rato con un sacerdote, que nos habló de lo divino, el origen del conocimiento, de las cosas, que es la religión más antigua del mundo, porque esta religión es la buena, etc. La verdad es que fue interesante, pero bueno, si no creo en un tipo crucificado con taparrabos, se me hace difícil (no mucho más), hacerlo en un notas que tuvo un hijo con cuatro brazos y cabeza de elefante...
Una de las principales actividades de la isla, y su principal fuente de ingresos por exportación, es el azúcar. Por la isla vimos numerosas vías de ferrocarril sospechosamente estrechas. Finalmente descubrimos cual es su función.
Para terminar, antes de dirigirnos al aeropuerto, dimos un último paseo por Nadi y aprovechamos para comprar algunos recuerdos.

Finalmente, nos despedimos de la ciudad y comenzamos el viaje de vuelta a casa, con un buen humor generalizado por la satisfacción del viaje. Si tenéis la suerte de ir alguna vez ya sabéis:

martes 21 de abril de 2009

Fiji Vol.5 "Vuelta a Nadi"


Esperamos pacientemente a que llegara el ferri que nos llevara a Nadi, donde pasaríamos la última noche antes del regreso. Tocaba despedirse de Vil, el hijo de Dan Vuti y su inseparable amigo, del que creo jamás llegué a aprenderme el nombre. Asi que abrazos, agradecimientos y nos subimos a bordo, junto con Dan Vuti, que también iba a Nadi.


El viaje fue entretenido, más aún teniendo en cuenta que intentamos recuperar, via desgaste por discusión, parte del dinero del billete, ya que el viaje de ida no lo habíamos utilizado. Esta vez no hubo suerte y nos quedamos con lo puesto.
Durante el viaje, las últimas fotos de una gran experiencia, el intento de capturar unas últimas sensaciones de lugar tan remoto.

Esta vez tocó despedirse de Dan Vuti, creo que fue un momento muy emotivo para todos nosotros. Dan Vuti nos había hecho experimentar aquel lugar de la mejor forma posible, y aunque por un escaso periodo de tiempo, pudimos saber cómo es la vida en Fiji, lejos de cómodos resorts y parafernalia. Recogió sus maletas, nos despedimos y se alejó mientras nosotros buscábamos el autobús que nos llevara al albergue.

Una de las mejores cosas del viaje fue el conocerle. Espero que todo te vaya estupendamente, te deseo lo mejor.